Kresto, Denia y El Imparcial: la alianza que fundó la Federación de Ciclismo en 1954

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Por Joe Urbina
Presidente de la Asociación de Ciclismo de Puerto Rico
Presentador y productor del programa radial Todo Ciclismo
Promotor de las ciudades sostenibles

El origen del ciclismo organizado en nuestra isla no nació por casualidad; fue el resultado directo de la visión de un grupo de apasionados del deporte y, sobre todo, de un junte perfecto e histórico entre la empresa privada, la prensa y el Gobierno.

Todo comenzó a gestarse en 1950. Tras presenciar el alto nivel del ciclismo internacional en los VI Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Guatemala, surgió una profunda chispa de inspiración en figuras clave del ámbito deportivo nacional. Hombres como don Luis S. Mejías, presidente de la firma Kresto-Denia; Julio Enrique Monagas, administrador de Parques y Recreo Público; Antonio Ayuso Molinari, subdirector del periódico El Imparcial; y el experimentado organizador deportivo Eugenio Guerra entendieron que Puerto Rico necesitaba desarrollar el deporte del pedal con estructura y proyección internacional.

A este impulso inicial se sumaron ideas frescas e innovadoras. Para 1954, Antonio Ayuso Molinari, tras observar el desarrollo del ciclismo en el Viejo Continente, trajo visiones de vanguardia, respaldado por la presencia en la isla de Federico Rivas Tovar, corresponsal del Diario de España de Tánger, quien ya contaba con experiencia directa en la organización de competencias ciclistas en Europa.

El junte ideal: el capital y la difusión

El empuje definitivo para institucionalizar el deporte se produjo gracias a un engranaje perfecto. Don Luis S. Mejías se convirtió en el gran portaestandarte del movimiento, aportando el capital necesario, a través de la firma Kresto-Denia, para sufragar los gastos de organización. Por su parte, Antonio Ayuso Molinari puso a disposición la maquinaria mediática de El Imparcial y asumió la dirección de la publicidad para posicionar el ciclismo en el gusto del pueblo puertorriqueño. Fue la alianza perfecta: la visión financiera unida al poder de la comunicación.

Esta colaboración dio su fruto más importante el 4 de junio de 1954, fecha en que la Administración de Parques y Recreo Público otorgó reconocimiento oficial a la Federación Puertorriqueña de Ciclismo (FPC) para fomentar este deporte conforme a la reglamentación olímpica y de la Unión Ciclista Internacional (UCI).

La primera Junta de Directores de la FPC quedó constituida por:

Luis S. Mejías, presidente
Antonio Ayuso Molinari, secretario general
Eugenio Guerra, vicepresidente
José Luis Núñez, tesorero
Roberto Vizcarrondo, Francisco Soto Respeto y José Luis Nieto, vocales

El salto histórico: de la “balum” a la “camella”

Hasta 1954, en las calles de Puerto Rico solo se rodaba en bicicletas pesadas de goma ancha, conocidas popularmente como “balum”. Sin embargo, para elevar el nivel competitivo, la recién fundada Federación realizó un pedido histórico a la fábrica de bicicletas Terrot, en Dijon, Francia. Por primera vez llegaron a la isla bicicletas de carrera de goma fina, bautizadas cariñosamente por los puertorriqueños como “camellas”, debido a la forma del manubrio y a la postura que adoptaba el ciclista.

El respaldo gubernamental para este paso trascendental fue absoluto. El gobernador don Luis Muñoz Marín y el administrador de Parques y Recreo Público, Julio Enrique Monagas, no solo apoyaron la gestión, sino que inspeccionaron personalmente las nuevas máquinas que utilizarían los deportistas puertorriqueños.

La primera Vuelta a Puerto Rico

Con la llegada de las camellas, la Federación emprendió de inmediato la monumental tarea de organizar la primera Vuelta Ciclista a Puerto Rico, en ese mismo año de 1954. La competencia contó con cuatro equipos de tres corredores: el Equipo Nacional, el Club Ciclista Denia, integrado por mensajeros; el Club Ciclista El Imparcial; y el Club Ciclista Hércules.

Ese evento marcó un antes y un después. Aquellos valientes deportistas, conocidos como los “forzados de la ruta”, inauguraron la era del ciclismo romántico en Puerto Rico y demostraron que, cuando la empresa privada, la prensa y el Estado se unen por una causa noble, el impacto perdura en la historia de todo un país.

Fuente y referencia: Historia del ciclismo en Puerto Rico (Tomo I), del profesor Roberto González Olivo.

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