Por Joe Urbina
Consultor de Movilidad y Seguridad Vial | Urbina Mobility & Safety, LLC
Promotor de las Ciudades Sostenibles
Presentador y productor de Todo Ciclismo
Comoderador de la Sección de Ciclismo con Joe Urbina en NotiSeis
Cuando pensamos en Opel, probablemente pensamos en automóviles alemanes. Sin embargo, la historia de esta compañía comenzó mucho antes de que fabricara su primer automóvil y tiene una extraordinaria conexión con el mundo de la bicicleta.
En 1862, Adam Opel comenzó a fabricar máquinas de coser en Rüsselsheim, Alemania. La empresa creció rápidamente y llegó a convertirse en uno de los principales fabricantes de máquinas de coser de Alemania, exportando sus productos por toda Europa.
Pero Opel tenía todavía mucho camino por recorrer.
De las máquinas de coser a las bicicletas
En 1884, durante un viaje a París, Adam Opel conoció las bicicletas de rueda alta, conocidas como penny-farthing. La innovación llamó su atención y, dos años más tarde, en 1886, Opel produjo su primera bicicleta en Rüsselsheim.
En 1888 comenzó, además, la producción de bicicletas de rueda baja, más seguras y prácticas que las enormes bicicletas de rueda alta.
La bicicleta se convirtió rápidamente en un importante negocio para Opel. Los cinco hijos de Adam Opel —Karl, Wilhelm, Heinrich, Friedrich y Ludwig— también fueron grandes entusiastas del ciclismo y participaron en competencias, logrando más de 550 victorias y convirtiéndose en excelentes embajadores de la marca.
La expansión fue extraordinaria.
En la década de 1920, Opel llegó a convertirse en el mayor fabricante de bicicletas del mundo. En 1923 incorporó la producción mediante línea de ensamblaje y llegó a producir una bicicleta aproximadamente cada siete segundos. Para mediados de esa década, Opel ya era líder mundial en fabricación de bicicletas y, en 1926, salió de sus instalaciones la bicicleta Opel número un millón.
La producción total de bicicletas Opel superaría posteriormente los 2.6 millones de unidades.
Y entonces llegaron los automóviles
Mientras Opel desarrollaba su enorme negocio de bicicletas, sus propietarios también observaban el surgimiento de una nueva forma de movilidad: el automóvil.
En 1899, Opel comenzó la producción de automóviles después de adquirir la empresa del fabricante Friedrich Lutzmann. El primer automóvil producido fue el Opel Patent-Motorwagen System Lutzmann.
Así se fue produciendo una transformación extraordinaria:
Máquinas de coser → bicicletas → automóviles.
Y aquí hay un dato que resulta particularmente interesante: durante varias décadas, Opel fabricó bicicletas y automóviles simultáneamente. De hecho, mientras desarrollaba su industria automotriz, continuó siendo el mayor fabricante de bicicletas del mundo.
En 1929, General Motors comenzó a adquirir Opel y completó el control de la empresa poco después. La relación con GM, por tanto, ya existía décadas antes de que apareciera el Opel GT de 1968-69.
Finalmente, Opel vendió su negocio de bicicletas a NSU en 1936, poniendo fin a una extraordinaria etapa de 51 años de fabricación de bicicletas. La producción directa terminó en 1937, después de haberse fabricado más de 2.6 millones de bicicletas Opel.
Y de aquella historia nace un automóvil muy especial
Precisamente esa historia nos lleva a un automóvil que hoy es objeto de culto entre los coleccionistas: el Opel GT.
El Opel GT comenzó su producción en 1968 y se fabricó hasta 1973. Fue un deportivo biplaza de diseño particularmente atrevido para Opel, creado bajo la dirección del diseñador Erhard Schnell.
Su diseño de líneas curvas y proporciones deportivas hizo que muchos lo compararan visualmente con el Chevrolet Corvette, especialmente por su silueta y sus características líneas de carrocería. De hecho, nos indicó Luis David González que el diseño parecido al de los Corvette de la época fue algo intencional y orquestado con el convencimiento de General Motors, que era dueña de Opel para entonces. De ahí nacieron los conocidos apodos de “el Corvette alemán” y “el Corvette de los pobres”, pues para entonces un Corvette norteamericano era muy costoso en Alemania.
Pero el GT tenía personalidad propia.
Una de sus características más llamativas eran sus faros delanteros ocultos, que no se levantaban verticalmente como los del Corvette, sino que giraban hacia los lados para quedar expuestos.
El automóvil utilizaba motores de cuatro cilindros. El GT podía equiparse con un motor de 1.1 litros y 60 caballos de fuerza o, en su versión más potente, con el de 1.9 litros y 90 caballos, procedente del Opel Rekord. El GT 1900 alcanzaba aproximadamente 185 km/h y podía acelerar de 0 a 100 km/h en unos 11.5 segundos.
Además, el Opel GT fue un interesante ejemplo de cooperación industrial europea: la carrocería fue trabajada en Francia por Chausson y Brissonneau & Lotz, mientras que en Alemania se realizaba el montaje de los componentes mecánicos y del chasis.
Entre 1968 y 1973 se fabricaron 103,463 Opel GT. Una gran parte de ellos terminó en Estados Unidos, donde el modelo tuvo una enorme aceptación.
Un Opel GT muy especial está en Puerto Rico
Y aquí la historia internacional de Opel se conecta con Puerto Rico.
El coleccionista Luis David González, natural de Arecibo y residente en Guaynabo, posee un Opel GT-A-L 1.9 de 1969, fabricado en Alemania Occidental, que constituye una pieza particularmente interesante dentro de la historia automotriz de Puerto Rico.
Su automóvil lleva el número de chasis:
94-1776704
Y conserva, además, la placa original de identificación, en la cual aparece el código de pintura 15, correspondiente al color Forest Green, es decir, verde bosque.
Esto es especialmente interesante porque permite conocer que el automóvil conserva la identificación de su configuración original.
Por su número de chasis, podemos ubicarlo dentro de la producción correspondiente a los Opel GT de 1969.
Y precisamente ahí está parte del atractivo para un coleccionista: cada número, cada placa y cada detalle original puede ayudar a reconstruir la historia individual de un automóvil.
El GT de Luis David destaca, además, por conservar su identificación de color original Forest Green, un tono que resulta particularmente atractivo en un automóvil cuyo diseño ya era extraordinariamente avanzado para finales de la década de 1960. Después de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes se aferraban mucho a la naturaleza y, siendo el Opel GT su primer auto deportivo de dos asientos, algo que no era común en la mayoría de los países europeos, querían que su GT tuviera un color y un tipo de pintura en los que se reflejara el verdor de la flora y todo lo relacionado con la naturaleza.
Definitivamente, lo lograron con el Forest Green, pues la carrocería verde de este auto parece una continuidad de sus cristales, ya que en ella también se reflejan los colores de los árboles, las nubes, el cielo, etc., como si fuera un cristal o un espejo.
Un diseño adelantado a su época
Cuando apareció el Opel GT, Opel no era precisamente la primera marca que uno asociaba con los automóviles deportivos.
Sin embargo, aquel pequeño coupé sorprendió al público.
Su carrocería baja, sus líneas fluidas, sus focos delanteros giratorios y su perfil deportivo le dieron una apariencia que todavía hoy llama la atención. Los focos delanteros que se esconden en el Opel GT fueron motivo de conflicto entre General Motors y Opel. El asunto se resolvió porque la empresa alemana decidió hacer que abrieran hacia los lados y no hacia arriba, como los del Corvette.
Su famosa campaña publicitaria utilizó la frase alemana:
“Nur Fliegen ist schöner”
—“Solo volar es más bonito”—.
Y quizás esa frase resume perfectamente lo que Opel consiguió con el GT: convertir un automóvil relativamente compacto y accesible en un verdadero objeto de deseo.
De la bicicleta al automóvil
La historia del Opel GT también nos permite regresar al principio de nuestra historia.
Porque detrás de aquel automóvil deportivo de 1969 existe una empresa que, décadas antes, había aprendido a fabricar productos de precisión haciendo máquinas de coser; que posteriormente se convirtió en el mayor fabricante de bicicletas del mundo; que produjo millones de bicicletas; que entró en la fabricación de automóviles en 1899 y que, finalmente, se convirtió en uno de los grandes nombres de la industria automotriz europea.
Es una historia que demuestra que la movilidad no comenzó con el automóvil.
Antes estuvieron las bicicletas, las motocicletas y muchas otras formas de innovación en la movilidad.
Y precisamente por eso, cuando hablamos de ciclismo, también hablamos de historia, tecnología, industria, economía, diseño y movilidad humana.
La historia de Opel es un magnífico ejemplo.
Porque detrás de muchos de los automóviles que conocemos hoy también existe una historia sobre dos ruedas.
“Para un planeta más ecológico, la bicicleta es lo lógico”. —Joe Urbina