Por Joe Urbina
¡Para que usted lo sepa! Corría el año 1924. En una Italia donde las mujeres apenas comenzaban a reclamar espacios básicos, una figura menuda pero de piernas de acero decidió que las montañas de los Alpes y los Apeninos no tenían dueño, ni mucho menos género. Esta es la historia de Alfonsa Rosa María Morini (1891), la mujer que no solo compitió contra hombres, sino que venció al prejuicio más grande de su época. Fue la primera mujer ciclista en competición y la primera en participar en carreras profesionales de ciclismo.
El origen de la “Reina del Pedal”
Nacida como Alfonsina Morini en una familia humilde de agricultores, su destino parecía estar ligado a la tierra. Sin embargo, a los diez años, su padre le regaló una bicicleta —la intercambió por unas gallinas— y ese fue el momento que cambió la historia.
En su pueblo la llamaban “El Diablo con falda” y también fue conocida como “La Reina del Pedal”. Fue motivo de escándalo simplemente por practicar un deporte considerado exclusivo de hombres, pero eso no la detuvo. A los 13 años ya ganaba carreras tanto a niñas como a niños.
Sus padres, desesperados por lo que consideraban una locura, le impusieron una condición: solo podría seguir pedaleando si se casaba. ¿Qué hizo Alfonsina? A los 14 años se casó con Luigi Strada, mecánico, ciclista y más adelante su entrenador. Luigi no fue un esposo tradicional: le regaló una bicicleta de carreras como obsequio de boda y se convirtió en su primer mánager. Tras enviudar en 1946, Alfonsina se casó con su segundo esposo, Carlo Messori, con quien abrió una tienda de bicicletas en Milán.
La gran audacia de 1924: el “truco” del nombre
El Giro de Italia de 1924 atravesaba una crisis. Las grandes figuras del ciclismo estaban en huelga por desacuerdos económicos con los organizadores. Emilio Colombo, director de La Gazzetta dello Sport, necesitaba un espectáculo que atrajera al público.
Alfonsina vio su oportunidad y se inscribió en la oficina de registro con una astucia magistral: escribió su nombre como “Alfonsin Strada”.
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El error de cálculo: Los organizadores, acostumbrados a un mundo exclusivamente masculino, asumieron que se trataba de un joven debutante.
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La sorpresa: No fue hasta el día de la salida, en Milán, que se descubrió el “engaño”. Bajo la gorra de ciclista no había un muchacho, sino una mujer decidida a completar los 3,613 kilómetros de la competencia más dura del mundo.
El Giro del sufrimiento y la gloria
La carrera fue un infierno. Alfonsina competía con una bicicleta que pesaba casi 20 kilos, sin cambios de marcha modernos y sobre carreteras que eran poco más que senderos de piedra y lodo.
¡Lea este dato! En la etapa entre L’Aquila y Perugia, Alfonsina sufrió una caída brutal que rompió el manillar de su bicicleta en dos. ¿Se rindió? ¡Jamás! Buscó un palo de escoba en una casa cercana, lo amarró con hilos de zapatos y, con un manubrio de madera improvisado, pedaleó hasta la meta.
En una de las etapas llegó fuera del tiempo límite —entre 15 y 17 horas tarde— y fue descalificada oficialmente. Sin embargo, el director del Giro, impresionado por su valentía y por la ovación del público en cada pueblo, le permitió continuar la carrera como “invitada”, costeando de su propio bolsillo su alojamiento y alimentación.
El impacto: más que una meta
De los 90 ciclistas que iniciaron aquel Giro, solo 30 lograron terminarlo. Y entre ellos estaba Alfonsina Strada.
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Para la historia: Se convirtió en la primera y única mujer en competir oficialmente junto a hombres en una de las tres grandes vueltas del ciclismo mundial (Giro, Tour y Vuelta).
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El legado: Aunque al año siguiente se le prohibió volver a inscribirse, Alfonsina continuó compitiendo en exhibiciones y batiendo récords. En 1938 estableció un récord de la hora que permaneció vigente durante 18 años.
Hoy existe el Giro d’Italia Women, iniciado en 1988, que a lo largo de los años ha tenido nombres como Giro d’Italia Femminile, Giro Rosa, Giro Donne y actualmente Giro d’Italia Women. Durante décadas fue la carrera por etapas más importante del ciclismo femenino, incluso antes de eventos como el Tour de France Femmes o La Vuelta Femenina. Fue la prueba más larga, más dura en montaña y la más prestigiosa del calendario femenino.
Una herencia eterna
Cuando vemos a las grandes ciclistas conquistar las carreteras del mundo, debemos recordar que todo comenzó con una mujer que decidió quitarle una “a” a su nombre para ponerle nombre y apellido a la igualdad en el ciclismo.
Como suelo decir: “No compitas con nadie, solo supérate a ti mismo”. Alfonsina no buscaba derrotar a los hombres por ego; buscaba superarse y demostrar que su pasión no tenía límites impuestos por otros.
¡Y para que usted lo sepa! Hoy su bicicleta descansa en el Museo del Ciclismo de Madonna del Ghisallo, como una reliquia de la voluntad humana.