El Arzobispo de San Juan de Puerto Rico, Roberto Octavio González Nieves, exhortó a las parroquias y a los agentes de pastoral de la arquidiócesis a solidarizarse con el pueblo sufriente ante esta nueva crisis: la falta de agua potable.
El impacto mayor por las averías del Súper Acueducto del Norte lo están padeciendo principalmente las comunidades que peregrinan en territorio arquidiocesano: Bayamón, Carolina, Guaynabo, Cataño, sectores de Trujillo Alto, Toa Baja y San Juan, donde reside gran parte de la población.
Para el Arzobispo, “el Súper Acueducto ha sido un importante esfuerzo del gobierno para proveer agua para todos. La justicia social requiere agua limpia y potable, necesaria para proteger la dignidad y la salud del pueblo que habita en Puerto Rico. Requiere voluntad para mantenerlo funcionando y diligencia para atender su deterioro con el pasar del tiempo. Darle mantenimiento al Súper Acueducto es un servicio esencial y una de las mayores contribuciones que puede hacer la actual administración por los puertorriqueños. El legado del agua, de agua para todos, debe ser un proyecto de país”.
Según González Nieves, “la Iglesia, sus parroquias y sus capillas no están ajenas a esta realidad y están sufriendo por la crisis del agua. Hay sacerdotes que han informado que hay misas con poca asistencia porque muchas personas no han podido acudir debido a la falta de agua. Como Iglesia pensamos en los más vulnerables: ancianos que viven solos, enfermos, personas encamadas, familias con discapacidad o sin transportación que no pueden llegar a los oasis, que no tienen fuerzas para cargar tanques de agua o subir las escaleras para llevar agua a sus hogares. Hacemos un llamado, sobre todo, a la oración: oración en las parroquias, en las escuelas, en las familias y en el corazón de cada creyente”.
“Me gustaría animar a nuestras parroquias y capillas, escuelas y centros de servicios pastorales a que se unan al esfuerzo para establecer oasis en coordinación con el gobierno o con otras entidades. Qué bello sería que cada parroquia, que cada capilla y que cada colegio sea un oasis o, si tienen suministro de agua, que lo hagan accesible a su comunidad. De igual manera, solicito a nuestros párrocos, diáconos, religiosos, religiosas, catequistas, consejos parroquiales y educadores que identifiquen en sus comunidades a aquellas personas que viven solas, que están enfermas, personas sin hogar que tienen alguna discapacidad, y verifiquen su situación para ofrecerles la mano fraterna, la mano hermana, la mano de Cristo”, dijo el Arzobispo.
Quisiera terminar con una cita del Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ sobre la crisis del agua para los más vulnerables:
- … En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas y, por lo tanto, es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres. Pero se advierte un derroche de agua no solo en países desarrollados, sino también en aquellos menos desarrollados que poseen grandes reservas. Esto muestra que el problema del agua es, en parte, una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad.
- Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con urgencia. Los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo.
González Nieves acentuó que el presente llamado:
● No es una crítica negativa al gobierno, sino una crítica constructiva.
● Es un llamado a la Iglesia y a los agentes de pastoral a contribuir con los esfuerzos gubernamentales y sociales.
● Es una invitación a no cerrar nuestros ojos, como el rico del Evangelio, ante la necesidad de los más pobres.
● Es un recordatorio de que el grito de Cristo en la Cruz, “Tengo sed”, debemos escucharlo nuevamente en medio de esta crisis para dar agua a los cristos sufrientes afectados por la crisis del agua.
● Es una exhortación a orar por los funcionarios de la AAA, por los alcaldes, sus ayudantes y las personas del gobierno, para que puedan, con la sabiduría divina, superar esta emergencia.
Por último, citando al Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, resaltó la importancia de servir, especialmente al más vulnerable, al que está solo, al enfermo y al carente de recursos:
“La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su proximidad y hasta, en algunos casos, la ‘padece’, y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas.
El servicio es, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad y de nuestro pueblo. En esta tarea cada uno es capaz de dejar de lado sus búsquedas, afanes y deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles”.
Pidamos a Dios que nos ilumine para resolver esta crisis y nos dé la sabiduría para garantizar a las próximas generaciones el derecho al agua: agua limpia, agua potable, agua continua, agua para todos y todas.