Por: Joe Urbina
En la historia del ciclismo existen victorias que se miden en segundos y otras que se miden en vidas. Lo que ocurrió en julio de 1948 no fue solo una remontada deportiva; fue el factor decisivo que evitó que Italia se desangrara en una guerra civil.
Una Italia al borde del abismo
Mientras el Tour de Francia de 1948 avanzaba, Italia vivía una tensión insoportable por la división interna luego de la Segunda Guerra Mundial y la caída del dictador Benito Mussolini. El 14 de julio, un estudiante de derecha disparó contra Palmiro Togliatti, el carismático líder del Partido Comunista Italiano. La noticia corrió como pólvora: las fábricas se detuvieron, las comunicaciones colapsaron y los ciudadanos salieron a las calles armados. El país estaba a un paso de la revolución.
En medio del caos, el Primer Ministro (Presidente del Consejo de Ministros) Alcide de Gasperi tomó el teléfono y llamó a Cannes, donde se encontraba su amigo Gino Bartali. El panorama era desolador para el ciclista: a sus 34 años —una edad considerada muy avanzada para el ciclismo competitivo de la época— y tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, Bartali estaba a 21 minutos del líder, el joven Louison Bobet. De Gasperi fue directo: «Gino, tienes que ganar. Es la única forma de distraer a la gente y calmar los ánimos. Puedes hacer mucho por Italia.»
La «Acción Divina» en los Alpes
El 15 de julio de 1948, bajo una tormenta implacable —el clima que Bartali amaba—, comenzó la etapa de 274 kilómetros entre Cannes y Briançon. Cruzando los colosos de Allos, Vars y el temible Izoard, Bartali, apodado «El Monje Volador» por su profunda fe católica, lanzó un ataque legendario.
Jean Robic corona los dos primeros colosos. La carrera llegó rota al Izoard y allí Bartali da su gran golpe de mano. Se marcha solo y gana Briançon tras más de 10 horas de etapa. Robbie no lo ha podido seguir y Bobet llega a más de 19 minutos. El Monje Volador, prácticamente descartado el día anterior, ya estaba a menos de dos minutos del amarillo con dos etapas alpinas aún por disputarse y el líder italiano ha vuelto a la vida. Finalmente fueron tres victorias seguidas en los Alpes. De estar a 21 minutos del francés, acaba el Tour con 26 minutos sobre el segundo. Ha ganado el Tour de Francia 10 años después de haberlo ganado antes.
Mientras los periódicos italianos se preparaban para anunciar el inicio de una guerra, las radios empezaron a transmitir una realidad distinta: Bartali mientras destrozaba el Tour.
La Radio: El pulso de una nación en vilo
«En 1948, en una Italia donde la televisión aún era un sueño lejano, la radio era el único cordón umbilical que mantenía unido al país. No era solo un medio de comunicación; era el pulso mismo de la nación. Mientras los tanques y las patrullas militares ocupaban las plazas, millones de italianos se aglomeraban alrededor de sus aparatos de radio de madera para escuchar la voz de los locutores que narraban, entre estática y emoción, las pedaladas de Bartali en los Alpes. La radio logró lo que la política no pudo: silenciar el ruido de las armas para sustituirlo por el relato de una hazaña. Ese poder de la comunicación radial, que hoy seguimos ejerciendo, fue el que permitió que la noticia de la victoria de Gino corriera más rápido que el odio, logrando que el pueblo soltara las piedras para aplaudir a su campeón.»
Un legado de justicia y un récord inalcanzable
Bartali terminó ganando aquel Tour con una ventaja de 26 minutos sobre el segundo lugar, logrando una hazaña que, al día de hoy, permanece intacta: es el único ciclista en la historia que ha ganado el Tour de Francia con una diferencia de 10 años entre su primer triunfo (1938) y el último (1948). Nadie más ha logrado mantener tal nivel de dominación a través de una década, especialmente con una guerra mundial de por medio.
La magnitud de la gesta: 21 minutos de eternidad
Para poner en perspectiva la magnitud de lo que hizo Bartali, «21 minutos» pueden sonar a poco, pero en el ciclismo profesional es una eternidad. En el ciclismo moderno, las grandes vueltas se deciden a veces por menos de 10 segundos. Por otro lado, en el ciclismo, cuando tienes 21 minutos de ventaja, el líder corre «conservador». Bartali lo obligó a entrar en pánico. Bartali estuvo pedaleando más de 10 horas en esa etapa de Briançon. Mantener un ritmo de ataque durante 10 horas es un esfuerzo sobrehumano que hoy en día no se ve.
Equivalencias de una ventaja de 21 minutos en otros deportes:
* En Baloncesto (NBA): Es como empezar el último cuarto perdiendo por 35 o 40 puntos y terminar ganando el juego por 15 puntos.
* En Béisbol (MLB): Equivale a llegar a la novena entrada perdiendo por 8 o 9 carreras. Necesitarías un milagro o que el equipo contrario colapsara por completo.
* En Fútbol (FIFA): Es como estar en el minuto 80 de un partido perdiendo 4 a 0 y ganar el juego 6 a 4. Remontar eso en 10 minutos es prácticamente imposible.
* En Atletismo (Maratón): Es como si el líder le sacara 5 o 6 kilómetros de distancia al segundo lugar.
¿Por qué la remontada de Bartali fue «divina»?
Lo que hace que la historia de Bartali sea única es que él no solo recortó esos 21 minutos, sino que terminó ganando el Tour con 26 minutos de ventaja sobre el segundo. Imaginemos que en una serie final, un equipo pierde el primer juego por 40 puntos y termina ganando el campeonato por una paliza histórica. Eso fue lo que hizo Bartali en los Alpes; no solo alcanzó al líder, sino que lo sacó de la carretera emocional y físicamente.
En el ciclismo moderno (últimos 30 años), las Grandes Vueltas suelen decidirse por márgenes de menos de 2 minutos. Por ejemplo, la famosa victoria de Greg LeMond en 1989 se decidió por solo 8 segundos. En el ciclismo actual, si un favorito pierde 21 minutos, se retira de la pelea por la general o se dedica a ayudar a otros. Nadie, en la era moderna, ha remontado una diferencia de doble dígito (10+ minutos) para ganar el Tour.
Récord Histórico
La remontada de Bartali es considerada la mayor en la era de la posguerra. Solo es superada en tiempo bruto por hazañas de principios de siglo (1900-1920), cuando los ciclistas corrían etapas de 400 km y no tenían cambios de velocidad. Para tener una idea de lo que pedaleó este Gino «Pio» Bartali: en esa etapa de 274 km donde recuperó el tiempo, Bartali estuvo sobre la bicicleta más de 10 horas seguidas. Hoy día, una etapa larga del Tour dura unas 5 horas. Bartali hizo el doble de esfuerzo a sus 34 años, bajo lluvia y frío, con una bicicleta que pesaba casi tres veces más que las actuales.
El deporte como bálsamo social
Este fenómeno de unidad no es ajeno a nosotros en Puerto Rico. Hemos sido testigos de cómo, en nuestros momentos más divisivos o de mayor tensión social, las victorias de nuestra Selección de Baloncesto, el «Team Rubio» en el béisbol, el oro de Jasmine Camacho-Quinn, las victorias de Tito Trinidad, la histórica gesta de Mónica Puig y el éxito reciente de Abner González al ganar una etapa de la Vuelta a Portugal en el 2024 y terminar tercero en el podio general, logran detener el reloj de los conflictos y hasta la criminalidad.
Al igual que en la Italia de 1948, donde la criminalidad y la violencia política cedieron ante el pedalazo de Bartali, en nuestra isla hemos visto cómo la criminalidad desciende y las diferencias ideológicas se borran cuando un atleta nos une bajo una misma bandera. La historia de Gino Bartali nos recuerda que, desde hace casi un siglo, el deporte —y el ciclismo en particular— no es solo competencia; es la herramienta más poderosa que tiene una sociedad para sanar, unirse y recordarse a sí misma que somos un solo pueblo.