WASHINGTON (AP) — El republicano Donald Trump fue elegido el miércoles 47mo presidente de Estados Unidos. Su triunfo ante la vicepresidenta demócrata Kamala Harris culmina una turbulenta e histórica campaña que incluyó dos intentos de asesinato en su contra.
El inminente regreso de Trump a la Casa Blanca significa que querrá establecer un gobierno completamente distinto al que tuvo el presidente Joe Biden. Su equipo también prometió que el segundo mandato no se parecerá mucho al primero que Trump estableció después de su victoria en 2016.
El presidente electo ahora tiene un período de transición de 75 días para formar su equipo antes de que tome posesión el 20 de enero. Uno de los principales puntos en la lista de cosas por hacer: llenar alrededor de 4.000 puestos gubernamentales con nombramientos políticos, personas que son específicamente seleccionadas para sus trabajos por el equipo de Trump.
Esto incluye a todos, desde el secretario de Estado y otros dirigentes de departamentos del gabinete hasta aquellos seleccionados para servir a medio tiempo en juntas y comisiones. Alrededor de 1.200 de esos nombramientos presidenciales requieren confirmación del Senado, lo que debería ser más fácil ahora que la cámara alta estadounidense ha pasado a control republicano.
Esto es lo que hay que esperar:
¿Cómo será la transición?
Aunque el cambio en el nuevo gobierno será total, Trump estará familiarizado con lo que necesita lograr. Construyó un gobierno completamente nuevo para su primer mandato y tiene ideas claras sobre qué hacer de manera diferente esta vez.
Ya ha mencionado algunos nombres.
Trump dijo en su fiesta de victoria el miércoles por la madrugada que el ex candidato presidencial y activista contra la vacunación Robert Kennedy Jr. será elegido para “ayudar a hacer que Estados Unidos sea saludable de nuevo”, agregando que “lo vamos a dejar hacerlo”. Antes de las elecciones, Trump no rechazó las llamadas de Kennedy para poner fin al agua fluorada. Trump también se ha comprometido a convertir a Elon Musk, quien nació en Sudáfrica y es un vocal partidario de la campaña de Trump, en secretario de “reducción de costos” federal, y el director general de Tesla ha sugerido que puede encontrar billones de dólares en gastos gubernamentales para eliminar.
La transición no es sólo acerca de llenar puestos. La mayoría de los presidentes electos también reciben informes de inteligencia diarios o casi diarios durante la transición.
En 2008, el presidente saliente George W. Bush informó personalmente al presidente electo Barack Obama sobre las operaciones encubiertas de Estados Unidos. Cuando Trump se preparaba para asumir el cargo en 2016, la asesora de seguridad nacional de Obama, Susan Rice, informó a Michael Flynn, su sucesor designado en el nuevo gobierno. En 2020, las impugnaciones jurídicas de Trump a los resultados de las elecciones retrasaron el inicio del proceso de transición durante semanas y las reuniones presidenciales con Biden comenzaron hasta el 30 de noviembre.
¿Quién está ayudando a Trump en el proceso?
La transición de Trump está siendo liderada principalmente por amigos y familiares, incluidos Kennedy Jr. y la ex candidata demócrata a la presidencia Tulsi Gabbard, así como los hijos adultos del presidente electo, Donald Trump Jr. y Eric Trump, y su compañero de fórmula, JD Vance. Los copresidentes de la transición son el director general de Cantor Fitzgerald, Howard Lutnick, y Linda McMahon, la ex ejecutiva de lucha libre que anteriormente lideró la Administración de Pequeñas Empresas durante el primer mandato de Trump.
Lutnick dijo que la operación de este año es “tan diferente como sea posible” del esfuerzo de 2016, que fue liderado inicialmente por Chris Christie. Después de ganar hace ocho años, Trump despidió a Christie, descartó los planes que el exgobernador de Nueva Jersey había hecho y le dio el trabajo de dirigir la transición al entonces vicepresidente electo Mike Pence.
Al inicio de su primer mandato, Trump armó un gabinete original que incluía algunos republicanos más convencionales y líderes empresariales que finalmente lo decepcionaron, o rompieron públicamente con él, o ambos. Esta vez, Trump ha prometido valorar la lealtad tanto como sea posible, una filosofía que puede asegurar que haga elecciones más alineadas con sus creencias ideológicas y su estilo profesional rimbombante.
A diferencia de la campaña de la vicepresidenta demócrata Kamala Harris, el equipo de Trump no firmó ningún acuerdo de transición previo al Día de las Elecciones con la Administración de Servicios Generales (GSA por sus siglas en inglés), que actúa esencialmente como el arrendador del gobierno federal. Por lo tanto, ya ha perdido los plazos para llegar a acuerdos con la administración sobre asuntos logísticos como espacio de oficina y soporte técnico y con la Casa Blanca sobre acceso a agencias, incluidos documentos, empleados e instalaciones.

Nuevas reglas de transición
En 2020, Trump argumentó que un fraude electoral generalizado, que en realidad no había ocurrido, le costó la elección, retrasando el inicio de la transición de su gobierno saliente al entrante de Biden durante semanas.
Hace cuatro años, la jefa de la GSA nombrada por Trump, Emily Murphy, determinó que no tenía base legal para determinar un ganador en la contienda presidencial porque Trump aún estaba impugnando los resultados en los tribunales. Eso retuvo la financiación y la cooperación para la transición.
Fue hasta que los esfuerzos de Trump para subvertir los resultados electorales se derrumbaron en estados clave que Murphy acordó formalmente “constatar un presidente electo” y comenzar el proceso de transición. Trump eventualmente publicó en redes sociales que su gobierno cooperaría.
Para evitar ese tipo de demoras en futuras transiciones, la Ley de Mejora de la Transición Presidencial de 2022 establece que el proceso de transición comience cinco días después de la elección, incluso si el ganador aún está en disputa. Esto está diseñado para evitar largos retrasos y significa que “una ‘constatación afirmativa’ por parte de la GSA ya no es un requisito previo para obtener servicios de apoyo para la transición”, según las pautas de la agencia sobre las nuevas reglas.
La incertidumbre se prolongó aún más después de las elecciones del 2000, cuando transcurrieron cinco semanas antes de que la Corte Suprema resolviera la elección impugnada entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore. Eso dejó a Bush con aproximadamente la mitad del tiempo habitual para gestionar la transición del gobierno de la administración saliente de Clinton. Esto finalmente llevó a preguntas sobre las brechas de seguridad nacional que pueden haber contribuido a que Estados Unidos no estuviera preparado para los ataques del 11 de septiembre del año siguiente.
Incluirá cambios en políticas sobre economía, inmigración
Trump ha prometido tomar medidas drásticas en un segundo mandato. El expresidente y ahora presidente electo a menudo ha omitido detalles, pero a través de más de un año de declaraciones de políticas y comunicados escritos ha delineado una agenda amplia que combina enfoques conservadores tradicionales en impuestos, regulación y cuestiones culturales con una inclinación más populista hacia el comercio y un cambio en el papel internacional de Estados Unidos. La agenda de Trump también reduciría los esfuerzos del gobierno federal en derechos civiles y expandiría los poderes presidenciales. Un vistazo a lo que Trump ha propuesto:
Inmigración: ”¡Construir el muro!” de su campaña de 2016 se ha convertido en crear “el programa de deportación masiva más grande de la historia”. Trump ha propuesto usar la Guardia Nacional y empoderar a las fuerzas policiales domésticas en el esfuerzo. Sin embargo, Trump ha sido escaso en detalles de cómo sería el programa y cómo aseguraría que solo se dirigiera a personas en Estados Unidos ilegalmente.
Ha propuesto un “filtrado ideológico” para los posibles entrantes, terminar con la ciudadanía por derecho de nacimiento (lo que casi seguramente requeriría un cambio constitucional) y dijo que reinstauraría políticas de su primer mandato como “Permanecer en México”, limitando a los migrantes por motivos de salud pública y limitando severamente o prohibiendo la entrada de personas de ciertas naciones de mayoría musulmana. En conjunto, el enfoque no solo reprimiría la migración ilegal, sino que limitaría la inmigración en general.
Aborto: Trump ha minimizado el aborto como una prioridad para un segundo mandato, incluso mientras se atribuía el mérito de que la Corte Suprema terminara con el derecho federal de una mujer a terminar un embarazo y devolviera la regulación del aborto a los gobiernos estatales. A insistencia de Trump, la plataforma del Partido Republicano, por primera vez en décadas, no pidió una prohibición nacional del aborto. Trump sostiene que anular Roe vs. Wade es suficiente a nivel federal. Trump dijo el mes pasado en su plataforma Truth Social que vetaría una prohibición federal al aborto si tal medida llega a su escritorio.
Impuestos: Las políticas fiscales de Trump se inclinan en gran medida hacia las corporaciones y los estadounidenses más ricos. Esto se debe principalmente a su promesa de extender su reforma fiscal de 2017, con algunos cambios notables que incluyen reducir la tasa de impuesto sobre la renta corporativa al 15% desde el actual 21%. Esto también implica revertir los aumentos de impuestos sobre la renta del presidente demócrata Joe Biden a los estadounidenses más ricos y eliminar los gravámenes de la Ley de Reducción de la Inflación que financian medidas energéticas destinadas a combatir el cambio climático.
Aranceles y comercio: La postura de Trump sobre el comercio internacional es desconfiar de los mercados mundiales como perjudiciales para los intereses estadounidenses. Propone aranceles del 10% al 20% sobre bienes extranjeros, y en algunos discursos ha mencionado porcentajes aún más altos. Promete reinstaurar una orden ejecutiva de agosto de 2020 que requiere que la Administración de Alimentos y Medicamentos compre solo medicamentos “esenciales” de empresas estadounidenses. Se compromete a bloquear las compras de “cualquier infraestructura vital” en Estados Unidos por compradores chinos.
Diversidad, LGBTQ y derechos civiles: Trump ha llamado a retroceder el énfasis social en la diversidad y las protecciones legales para los ciudadanos LGBTQ. Ha llamado a poner fin a los programas de diversidad, equidad e inclusión en instituciones gubernamentales, utilizando fondos federales como palanca.
En derechos transgénero, Trump promete generalmente poner fin a “los niños en deportes de niñas”, una práctica que insiste, sin evidencia, que es generalizada. Pero sus políticas van mucho más allá de las líneas estándar de aplauso de sus discursos en mítines. Entre otras ideas, Trump derogaría la política de la administración Biden de extender las protecciones de derechos civiles del Título IX a los estudiantes transgénero, y pediría al Congreso que requiera que solo se reconozcan dos géneros al nacer.
Regulación, burocracia federal y poder presidencial: El presidente electo busca reducir el papel de los burócratas federales y las regulaciones en los sectores económicos. Trump enmarca todos los recortes regulatorios como una varita mágica económica. Promete caídas precipitadas en las facturas de servicios públicos de los hogares estadounidenses al eliminar obstáculos para la producción de combustibles fósiles, incluida la apertura de todas las tierras federales para la exploración, aunque la producción de energía de Estados Unidos ya está en niveles récord. Trump promete desatar la construcción de viviendas al cortar regulaciones, aunque la mayoría de las reglas de construcción provienen del gobierno estatal y local. También dice que pondría fin a “litigios frívolos de los extremistas ambientales”.
El enfoque fortalecería de muchas maneras la influencia de la rama ejecutiva. Ese poder vendría más directamente de la Casa Blanca.
Haría más fácil despedir a los trabajadores federales al clasificar a miles de ellos como fuera de las protecciones del servicio civil. Esto podría debilitar el poder del gobierno para hacer cumplir estatutos y reglas al reducir el número de empleados que participan en el trabajo y, potencialmente, imponer un efecto disuasorio en los que permanecen.
Trump también afirma que los presidentes tienen poder exclusivo para controlar el gasto federal incluso después de que el Congreso haya asignado dinero. Trump argumenta que las acciones presupuestarias de los legisladores “establecen un techo” en el gasto pero no un piso, lo que significa que el deber constitucional del presidente de “ejecutar fielmente las leyes” incluye discreción sobre si gastar el dinero. Esta interpretación podría configurar una batalla judicial con el Congreso.
Como candidato, también sugirió que la Reserva Federal, una entidad independiente que establece las tasas de interés, debería estar sujeta a más poder presidencial. Aunque no ha ofrecido detalles, cualquier movimiento de este tipo representaría un cambio trascendental en cómo funcionan los sistemas económico y monetario de Estados Unidos.
Educación: El Departamento de Educación federal podría ser eliminado en un segundo mandato de Trump. Eso no significa que Trump quiera que Washington salga de las aulas. Todavía propone, entre otras maniobras, usar fondos federales como palanca para presionar a los sistemas escolares K-12 para abolir los cargos vitalicios y adoptar el pago por mérito para los maestros y para eliminar los programas de diversidad en todos los niveles de educación. Llama a retirar fondos federales “para cualquier escuela o programa que promueva la Teoría Crítica de la Raza, la ideología de género u otro contenido racial, sexual o político inapropiado en nuestros niños”.
En educación superior, Trump propone tomar el control de los procesos de acreditación para las universidades, un movimiento que describe como su “arma secreta” contra los “maníacos y lunáticos marxistas” que dice controlan la educación superior. Trump apunta a los patrimonios de educación superior, diciendo que recaudará “miles de millones de dólares” de las escuelas a través de “impuestos, multas y demandas a patrimonios universitarios privados excesivamente grandes” en escuelas que no cumplan con sus edictos. Casi seguramente esto terminaría en prolongadas luchas legales.
Como en otras áreas de política, Trump no está proponiendo realmente limitar el poder federal en la educación superior sino fortalecerlo. Llama a redirigir el dinero de los patrimonios confiscados hacia una “Academia Americana” en línea que ofrezca credenciales universitarias a todos los estadounidenses sin cobro de matrícula. “Será estrictamente apolítica, y no se permitirá las tendencias ‘woke’ o el yihadismo, nada de eso será permitido”, dijo Trump el 1 de noviembre de 2023.
Seguridad Social, Medicare y Medicaid: Trump insiste en que protegería la Seguridad Social y Medicare, programas populares orientados hacia los estadounidenses mayores y entre las mayores piezas del pastel de gasto federal cada año. Hay preguntas sobre cómo su propuesta de no gravar las propinas y los salarios por horas extras podría afectar a la Seguridad Social y Medicare. Si tales planes eventualmente involucraran solo impuestos sobre la renta, los programas de prestaciones sociales no se verían afectados. Pero eximir esos salarios de los impuestos sobre la nómina reduciría el flujo de fondos para los desembolsos de la Seguridad Social y Medicare. Trump ha hablado poco sobre Medicaid, pero su primera administración, en general, se inclinó por aprobar solicitudes estatales de exenciones de varias reglas federales y respaldó ampliamente los requisitos de trabajo a nivel estatal para los beneficiarios.
Ley de Cuidado Asequible y atención médica: Como lo ha hecho desde 2015, Trump llama a derogar la Ley de Cuidado Asequible y sus mercados de seguros de salud subsidiados. Pero aún no ha propuesto un reemplazo: en un debate de septiembre, insistió en que tenía los “conceptos de un plan”. En las últimas etapas de la campaña, Trump destacó su alianza con el excandidato presidencial Robert F. Kennedy Jr., un crítico de las vacunas y de los pesticidas utilizados en la agricultura estadounidense. Trump repetidamente dijo a las multitudes en los mítines que pondría a Kennedy a cargo de “hacer que Estados Unidos vuelva a estar saludable”.
Clima y energía: Trump, quien afirma falsamente que el cambio climático es un “engaño”, critica el gasto de la era Biden en energía más limpia diseñada para reducir la dependencia de Estados Unidos de los combustibles fósiles. Propone una política energética, y gasto en infraestructura de transporte, anclada a los combustibles fósiles: carreteras, puentes y vehículos de motor de combustión. ”¡Perforar, perforar!” fue un cántico regular en los mítines de Trump. Trump dice que no se opone a los vehículos eléctricos pero promete poner fin a todos los incentivos de Biden para fomentar el desarrollo del mercado de vehículos eléctricos. Trump también promete revertir las normas de eficiencia de combustible de la era Biden.
Derechos de los trabajadores: Trump y el vicepresidente electo JD Vance enmarcaron su candidatura como favorable a los trabajadores de Estados Unidos. Pero Trump podría dificultar la sindicalización de los trabajadores. Al discutir sobre los trabajadores automotrices, Trump se centró casi exclusivamente en el impulso de Biden hacia los vehículos eléctricos. Cuando mencionó a los sindicatos, a menudo fue para agrupar a “los jefes sindicales y los directores ejecutivos” como cómplices en “este desastroso esquema de coches eléctricos”. En una declaración del 23 de octubre de 2023, Trump dijo de los Trabajadores Automotrices Unidos, “Les digo, no deberían pagar esas cuotas”.
Defensa nacional y el papel de Estados Unidos en el mundo: La retórica y el enfoque político de Trump en los asuntos mundiales es más aislacionista diplomáticamente, no intervencionista militarmente y proteccionista económicamente de lo que Estados Unidos ha sido desde la Segunda Guerra Mundial. Pero los detalles son más complicados. Promete la expansión del ejército, promete proteger el gasto del Pentágono de los esfuerzos de austeridad y propone un nuevo escudo de defensa de misiles, una idea antigua de la era Reagan durante la Guerra Fría. Trump insiste en que puede poner fin a la guerra de Rusia en Ucrania y a la guerra entre Israel y Hamás, sin explicar cómo. Trump resume su enfoque a través de otra frase de Reagan: “paz a través de la fuerza”. Pero sigue siendo crítico con la OTAN y los altos mandos militares de Estados Unidos. “No los considero líderes”, dijo Trump de los funcionarios del Pentágono que los estadounidenses “ven en televisión”. Ha elogiado repetidamente a autoritarios como Viktor Orban de Hungría y Vladímir Putin de Rusia.
Promete traer paz duradera al convulso Oriente Medio, pero no será fácil
Trump regresará a la presidencia de Estados Unidos en un momento de conflicto e incertidumbre sin precedentes en Medio Oriente. Ha prometido solucionarlo.
Pero los antecedentes del enérgico apoyo de Trump a Israel, junto con su insistencia durante la campaña en que la guerra en Gaza debería terminar rápidamente, las fuerzas aislacionistas en el partido Republicano y su inclinación por la imprevisibilidad plantean una gran cantidad de preguntas sobre cómo su segunda presidencia afectará a la región en este crucial momento.
A menos que se logren esquivos ceses al fuego antes de su toma de posesión, Trump asumirá el máximo cargo del país en medio de una brutal guerra en Gaza y mientras Israel mantiene su ofensiva contra el grupo político-paramilitar libanés Hezbollah. El enfrentamiento entre Irán e Israel no muestra signos de disminuir, ni los conflictos de Tel Aviv con los aliados iraníes en Irak y Yemen, y el programa nuclear de Irán sigue siendo una preocupación crucial para Israel.
Trump dice que quiere paz, pero ¿cómo?
Durante su campaña, el presidente electo prometió pacificar la región.
“Terminemos con esto y volvamos a la paz y dejemos de matar gente”, dijo Trump en abril acerca del conflicto en Gaza en una entrevista con el locutor de radio conservador Hugh Hewitt.
Israel inició la guerra en respuesta a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando un grupo de milicianos mató a 1.200 personas en Israel y secuestró a 250, muchas de las cuales están aún en Gaza. La ofensiva de Israel ha provocado la muerte de más de 43.000 personas, según funcionarios de salud de Gaza, cuyo recuento no distingue entre civiles y combatientes, aunque afirman que más de la mitad de los muertos son mujeres y niños.
La guerra ha provocado una catástrofe humanitaria en Gaza, ha aislado cada vez más a Israel en el ámbito internacional, donde dos tribunales mundiales analizan la posibilidad de acusarlo de crímenes de guerra, y ha provocado una ola de protestas en campus estadounidenses que han alimentado el debate sobre el papel de Estados Unidos como principal apoyo militar y diplomático de Israel.
Mediadores internacionales de Estados Unidos, Egipto y Catar han intentado, sin éxito, lograr un alto al fuego duradero.
Pero Trump ha instado repetidamente a Israel a “terminar el trabajo” y destruir a Hamás, pero no ha dicho cómo.
”¿Terminar el trabajo significa que tienes mano libre para actuar contra los remanentes de Hamás? ¿O terminar el trabajo significa que la guerra debe terminar ahora?”, preguntó David Makovsky, director del programa de Relaciones Árabes-Israelíes del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente. “Esa es parte de las interrogantes”.
Netanyahu deposita sus esperanzas en un gobierno proisraelí de Trump
La incertidumbre también envuelve a la forma en que Trump interactuará con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En su primer mandato, Trump ofreció un amplio apoyo a las políticas de línea dura del líder israelí, incluyendo la retirada unilateral de un acuerdo destinado a contener el programa nuclear de Irán al que Netanyahu se había opuesto durante mucho tiempo.
Trump también reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, reforzando su reclamo sobre la ciudad disputada, y la anexión israelí de los Altos del Golán en Siria durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Presentó un plan de paz con los palestinos que muchas personas consideraron favorable a Israel. La construcción de asentamientos en Cisjordania, ocupada por Israel, considerada como un obstáculo para la estadidad palestina, se disparó bajo su presidencia.
Trump también ayudó a garantizar acuerdos entre Israel y cuatro países árabes para normalizar vínculos que no estaban condicionados a los avances hacia el establecimiento de un estado palestino, lo cual fue un gran triunfo para Netanyahu. El líder israelí espera replicar esos éxitos con un acuerdo con Arabia Saudí.
Los líderes tuvieron una ruptura cuando Netanyahu felicitó al presidente Joe Biden tras las elecciones de 2020, un acto que Trump consideró como un desaire de su leal aliado, aunque Netanyahu visitó al magnate en Florida este año.
En el gobierno de Biden, Estados Unidos se ha mostrado crítico en ocasiones y ha retrasado algunas entregas de armas en respuesta a la conducta de Israel en Gaza. Es probable que Netanyahu espere que el regreso de Trump relaje cualquier restricción para que Israel persiga sus objetivos bélicos. El líder estadounidense también podría objetar una posible orden internacional de aprehensión por crímenes de guerra contra Netanyahu. Y una relación más fluida con Washington podría ayudar a mejorar el propio apoyo popular del líder israelí.
”Él tiene el historial más proisraelí de cualquier presidente”, dijo Michael Oren, exembajador israelí en Washington. “La esperanza es que haya más de lo mismo”.
Ni Netanyahu ni Trump tienen una visión clara para Gaza después de la guerra
Netanyahu lidera un gobierno de extrema derecha cuyos miembros clave han jurado derrocar su gobierno si la guerra en Gaza termina con algo menos que la destrucción de Hamás. Ellos apoyan la nueva construcción de asentamientos en Gaza y les entusiasma la presidencia de Trump; su influencia no hará más que crecer ahora que Netanyahu ha despedido a su ministro de defensa por su enfoque más pragmático del conflicto.
Su control sobre el gobierno y sobre el futuro político de Netanyahu ayuda a explicar por qué el líder israelí no ha delineado una visión clara para Gaza después de la guerra.
El gobierno de Biden se ha mostrado a favor de que el territorio devastado por la guerra sea gobernado por la Autoridad Palestina, respaldada por Occidente, que administra algunas partes de Cisjordania. Netanyahu rechaza esa idea e insiste en el derecho del ejército israelí a operar en el enclave.
Trump no ha presentado una visión clara, aunque ha dicho que los desarrolladores podrían hacer que Gaza fuera “mejor que Mónaco” porque tiene “la mejor ubicación en Medio Oriente, la mejor agua, lo mejor de todo”.
Diana Buttu, exasesora de líderes palestinos, dijo que la falta de una visión firme de Estados Unidos para Gaza, junto con un ala derecha israelí políticamente poderosa, hace prever un sombrío futuro para la gente en Gaza y para los palestinos en general.
“No lo veo como un presidente que va a preocuparse por los palestinos”, dijo.
¿Ayudará Trump a defender a Israel contra Irán o elegirá a Estados Unidos primero?
En Líbano, Israel combate a Hezbollah, que recibe el apoyo de Irán, con una invasión terrestre y ataques a objetivos de la organización. El grupo político-paramilitar ha disparado miles de cohetes y drones contra comunidades israelíes, provocando la muerte de docenas de personas y desplazando a unas 60.000. por su parte, la ofensiva israelí ha desplazado a más de un millón de personas en Líbano y ha matado a más de 3.000.
Los esfuerzos de mediación de Estados Unidos en ese conflicto también han sido infructuosos. Trump, quien tiene un yerno libanés-estadounidense, publicó recientemente en la red social X que como presidente “detendría el sufrimiento y la destrucción en Líbano”.
Pero una pregunta clave es cuánto influirán en Trump sus instintos de Estados Unidos Primero.
Estados Unidos ha desempeñado una función crucial en los esfuerzos diplomáticos durante la guerra, y una función aún más robusta en la ayuda a Israel para defenderse contra Irán y sus aliados.
Estados Unidos ha enviado activos militares a la región, ha ayudado a Israel a frustrar dos ataques con misiles por parte de Irán, e incluso ha enviado soldados estadounidenses a Israel para manejar un sofisticado sistema de defensa aérea. Pero cualquier ataque israelí que sea efectivo contra las instalaciones nucleares de Irán, un objetivo que evitó en su ataque del mes pasado, probablemente necesitará una mayor participación militar de Estados Unidos.
Las acusaciones de que Irán ha hackeado a socios de campaña y las preocupaciones sobre la posibilidad de que Teherán lleve a cabo actos de violencia contra Trump o contra miembros de su gobierno podrían profundizar su antipatía hacia ese país.
Aunque Trump ha indicado que se centrará en asuntos nacionales, Medio Oriente podría ser una excepción.
El magnate disfruta de una amplia base de apoyo de cristianos evangélicos, que están firmemente a favor de Israel, y su yerno y exasesor, Jared Kushner, fue una voz prominente en apoyo a ese país durante su primer mandato.
“Dado que Trump probablemente navegará entre esas fuerzas principalmente basado en su intuición”, dijo Udi Sommer, experto en relaciones entre Estados Unidos e Israel en la Universidad de Tel Aviv, “la incertidumbre probablemente definirá su enfoque”.