Por: Joe Urbina
Presidente de ACIPUR
Presentador y productor de Todo Ciclismo
Promotor de las ciudades sostenibles
Mucho antes de los shopping carts, de las bicicletas de carga modernas (cargo bikes) y de que Uber Eats o DoorDash hicieran entregas de comida en bicicleta, el comercio y la movilidad en Puerto Rico dependían de una herramienta indispensable: la bicicleta de reparto comercial.
Esta era clasificada bajo términos como panadera —nombre genérico popular o coloquial—, Bike Truck —nombre genérico y descriptivo— o Cycle Truck —como se le conoce entre los coleccionistas de bicicletas antiguas y clásicas gracias al modelo que Schwinn lanzó en 1939 con ese nombre—.
El modelo Cycle Truck, producido por Schwinn, se popularizó a tal nivel en la isla a partir de la década de 1940 que el término Cycle Truck se quedó como nombre genérico, de forma similar a lo que ocurrió con marcas como Jeep, Chiclets o Pampers.
Aunque estas bicicletas eran utilizadas activamente por colmados, panaderías, farmacias, ferreterías, zapaterías, carnicerías, correos y todo tipo de mensajería urbana para transportar múltiples mercancías, en la cultura popular boricua se les bautizó indistintamente como “bicicletas panaderas”.
La razón de este nombre coloquial radica en que el pan resaltaba visualmente dentro de la canasta por su empaque y tamaño, haciéndose visible a larga distancia mientras los repartidores recorrían las calles.
La clave de su éxito funcional residía en su diseño de ingeniería. A diferencia de las bicicletas urbanas convencionales —a las que la gente solía hacerles sus propias adaptaciones con canastas sujetadas al manubrio, la horquilla o el eje delantero—, la Cycle Truck contaba con una canasta delantera fija, soldada directamente al cuadro.
Esta estructura evitaba que el peso desbalanceara la dirección, previniendo caídas y facilitando la maniobrabilidad de los ciclistas de colmado.
De todos los tipos de bicicletas especializadas, como las de bomberos, funerales, paramédicos —bicicletas de primeros auxilios—, policías, militares, etc., las que más proliferaron en Puerto Rico fueron estas bicicletas de reparto o panaderas.
Las razones son obvias: había, y hay, más colmados, farmacias, ferreterías, carnicerías y zapaterías que estaciones de bomberos, hospitales, cuarteles de policía y bases militares.
Esta enorme proliferación explica por qué hoy en día se ven tantas de estas piezas entre los coleccionistas de bicicletas antiguas y clásicas en Puerto Rico, mientras que las bicicletas especializadas de bomberos, policías, correos o funerales prácticamente no existen en la isla.
Hasta la década de 1970 se podían ver algunas por los pueblos del interior de la isla, pero de entonces para acá fueron disminuyendo, hasta el punto de que ya no se ven, aunque no me extrañaría que haya una que otra dando servicio en algún lugar de Puerto Rico.
El impacto más fascinante de la bicicleta panadera se dio en el ciclismo deportivo. En el tercer comienzo del ciclismo competitivo en Puerto Rico —luego de que la Primera Guerra Mundial, en 1914, interrumpiera las carreras de bicicletas en la isla y que la Segunda Guerra Mundial, en 1939, las interrumpiera por segunda ocasión—, el deporte renació a finales de la década de 1940 en las barriadas y en las carreras de fiestas patronales.
La historia registra importantes eventos y figuras de este periodo. Según reseña el profesor e historiador del ciclismo Roberto González en su primer libro, Historia del Ciclismo de Puerto Rico, en la página 30 indica:
“Para fines del año 1940 generalmente se hacía ciclismo en las barriadas y fiestas patronales. La mayoría de estos ciclistas eran ciclistas de colmados, o sea, eran una especie de mensajeros para los colmados”.
En la página 32 añade:
“Nos relató Héctor Collazo que durante los años 50 el señor Bernardino Mass, de Ponce, celebraba anualmente una carrera donde reunía a todos los mensajeros de los colmados”.
En la página 33 señala que Efraín Correa, de Ponce, se destacaba con las bicicletas de mensajeros.
No obstante, estas competencias entre barriadas comenzaron en la zona metropolitana, en barriadas como Las Monjas y otras de Hato Rey y Río Piedras.
Es importante señalar que la razón fundamental de la influencia de las bicicletas de reparto en el ciclismo competitivo no dependía del tipo de bicicleta utilizada, sino del excelente estado y condición física que estos ciclistas mensajeros desarrollaban como producto de su arduo trabajo diario, pedaleando cargas por las calles.
Con los años, la bicicleta de colmados evolucionó hacia las motoras de mensajería, los shopping carts y la logística moderna.
Sin embargo, antes de la micromovilidad de hoy, las bicicletas de reparto —panaderas, Cycle Truck o Bike Truck— no solo movieron la economía de barrio, sino que también formaron las piernas que levantaron el ciclismo competitivo en Puerto Rico.
Referencia sobre ciclismo competitivo:
Roberto González, Historia del Ciclismo en Puerto Rico.