Ciclismo en Notiséis: El «Nixon Shock» y el nacimiento del ciclismo moderno

23/01/2026
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Por: Joe Urbina

Dicen que la necesidad es la madre de la invención, y la historia del ciclismo moderno no se escribió únicamente en una pista o en una carretera de montaña, sino en el convulso escenario económico de la década de 1970. Lo que comenzó como una crisis financiera global terminó convirtiéndose en el punto de inflexión que definió las bicicletas que montamos hoy.

El choque que lo cambió todo

El 15 de agosto de 1971, el mundo cambió. El entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, anunció por televisión una serie de medidas económicas que pasarían a la historia como el “Nixon Shock”. Hasta ese momento, el dólar estadounidense estaba respaldado por oro. De manera unilateral, Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro, poniendo fin al sistema monetario internacional conocido como Bretton Woods.

Bretton Woods: el sistema que sostuvo al mundo

El sistema de Bretton Woods fue creado en 1944, al final de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de estabilizar la economía global, evitar crisis financieras como la de 1929 y ordenar las relaciones económicas entre países. El acuerdo se firmó en New Hampshire, Estados Unidos, con la participación de 44 países aliados.

Este sistema establecía tipos de cambio fijos: las monedas nacionales se vinculaban al dólar estadounidense y el dólar, a su vez, estaba respaldado por oro a una tasa fija de 35 dólares por onza. Estados Unidos se convirtió así en el eje del sistema financiero mundial, permitiendo a los bancos centrales extranjeros convertir dólares en oro. Además, se crearon instituciones clave como el Fondo Monetario Internacional (FMI), para asistir a países con problemas de balanza de pagos, y el Banco Mundial, enfocado en la reconstrucción y el desarrollo económico.

Los objetivos eran claros: evitar devaluaciones competitivas, promover el comercio internacional, asegurar estabilidad económica y fomentar el crecimiento, al tiempo que se prevenían nuevas crisis financieras globales.

¿Por qué colapsó el sistema?

Durante la década de 1960, el sistema comenzó a mostrar grietas. Estados Unidos ya no tenía suficiente oro para respaldar la enorme cantidad de dólares en circulación. El gasto masivo en la Guerra de Vietnam, los programas sociales de la “Great Society” y el despliegue militar global provocaron déficits fiscales y comerciales significativos.

Países como Francia comenzaron a exigir oro a cambio de sus reservas en dólares. En términos simples, había muchos más dólares que oro. La confianza internacional en el dólar comenzó a erosionarse.

Ante este escenario, Nixon decidió cerrar la llamada “ventana del oro” y actuar de manera unilateral, sin consultar a sus aliados. Fue una decisión estratégica y política, no solo económica.

El anuncio incluyó tres medidas principales:

  • El fin de la convertibilidad del dólar en oro.

  • Una congelación temporal de precios y salarios.

  • La imposición de aranceles a las importaciones.

Las consecuencias fueron históricas: el fin definitivo de Bretton Woods, el inicio del sistema de monedas fiduciarias sin respaldo en metales preciosos y la adopción de tipos de cambio flotantes. El dólar siguió siendo dominante, pero ya no por oro, sino por confianza y poder económico.

Del oro al pedal

Para el ciudadano común, aquello parecía un asunto de bancos y gobiernos. Para el ciclista, fue un antes y un después. La inflación se disparó y el costo de importar las legendarias bicicletas europeas de acero se volvió prohibitivo.

En medio de la crisis, nacen oportunidades

Mientras los puristas lamentaban el ocaso de la era dorada del acero europeo, el mercado exigía soluciones. La inestabilidad del dólar y la crisis del petróleo de 1973 crearon el escenario perfecto para el llamado “Bike Boom”. La bicicleta dejó de ser un lujo o un juguete y pasó a convertirse en una alternativa real frente a la crisis energética.

La industria tuvo que reinventarse. Si el acero de alta gama era caro de importar, había que buscar nuevos caminos.

El surgimiento de los gigantes y el aluminio liviano

Este caos financiero fue el caldo de cultivo para el nacimiento de grandes marcas del ciclismo moderno. En 1976, en un pequeño granero de Wisconsin, nació Trek, con la misión de fabricar cuadros artesanales capaces de competir con los europeos, pero a precios locales. Al mismo tiempo, Specialized comenzaba a cambiar para siempre el modelo de negocio de la industria.

La verdadera revolución llegó con los materiales. La necesidad de ligereza y eficiencia, junto al alto costo de las aleaciones tradicionales, impulsó el desarrollo de bicicletas de aluminio liviano. Marcas como Gary Klein y Cannondale apostaron por este material, que prometía rigidez y bajo peso, rompiendo décadas de hegemonía del acero.

El despertar latinoamericano y la revolución japonesa

En América Latina, el impacto fue profundo. Las devaluaciones obligaron a los mecánicos a convertirse en innovadores y a los soldadores en verdaderos artistas. Surgió una mística de talleres locales en Colombia, México y Argentina, donde se fabricaban cuadros de competencia “hechos en casa”.

Técnicamente, el “Nixon Shock” también abrió la puerta a Shimano. La industria japonesa supo aprovechar la debilidad de las monedas europeas para introducir el concepto de “grupo completo” y una ingeniería de precisión que desafió el monopolio histórico de Campagnolo.

El verdadero valor no está en el oro

Al final, la historia demuestra que Richard Nixon pudo quitarle el respaldo de oro al dólar, pero nunca pudo quitarle valor al esfuerzo humano. La crisis de los años setenta no detuvo al ciclismo: lo transformó. Obligó a los fabricantes a ser más creativos, a los artesanos locales a demostrar su talento y a los ciclistas a redescubrir la bicicleta como símbolo de libertad frente a la escasez.

La lección es clara: la verdadera riqueza no se guarda en una bóveda. Se construye kilómetro a kilómetro. Las crisis pasan, las monedas suben y bajan, pero la capacidad de superarnos permanece intacta.

Porque, como siempre decimos en Todo Ciclismo:

“No compitas con nadie; supérate a ti mismo.”

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