Corte Suprema autoriza oración durante ejecución de confinado en Texas

587
This undated photo provided by The Texas Department of Criminal Justice shows John Henry Ramirez. Ramirez, a Texas death row inmate set to be executed Wednesday, Sept. 8, 2020, for killing a convenience store worker more than 17 years earlier in a robbery that garnered $1.25, is asking that his pastor be allowed to lay hands on him as he dies by lethal injection. The request by Ramirez is the latest clash between death row inmates and prison officials in Texas and other states over the presence of spiritual advisers in the death chamber. (Texas Department of Criminal Justice via AP)

WASHINGTON (AP) — La Corte Suprema falló el jueves a favor de un condenado a muerte que pidió que su pastor pueda rezar en voz alta y tocarlo durante su ejecución.

La sentencia de la corte no impedirá la ejecución de John Henry Ramírez. Pero los jueces, en una decisión 8-1 rechazaron la defensa de Texas, de que se puede permitir la presencia del consejero espiritual del condenado en la cámara de ejecución, pero en silencio y sin tocarlo.

El juez John Roberts escribió por la mayoría de la corte que Texas “durante mucho tiempo permitió que los capellanes rezaran con los presos en la cámara de ejecución y decidieron prohibir esa oración en los últimos años”. Rechazó las objeciones de que el tacto pudiera interferir con los tubos intravenosos que llevan las drogas utilizadas en la ejecución. “Texas podría permitir que se toque una parte del cuerpo alejada de los tubos intravenosos, como la parte inferior de la pierna del preso”, escribió.

El único objetor fue el juez Clarence Thomas, quien escribió que Ramírez ha aplicado reiteradamente tácticas para demorar su ejecución, y su demanda actual “es apenas la reiteración más reciente de un patrón de evasiones durante 18 años”.

Las ejecuciones en Texas, el estado que más aplica la pena capital, estaban demoradas mientras la corte estudiaba el caso.

Ramirez fue condenado a muerte por el asesinato de un empleado de tienda en Corpus Christi en 2004. Ramirez mató a Pablo Castro de 29 puñaladas y le robó 1,25 dólares.