¿Cuánto deja la reina Isabel II a sus herederos y qué pasará con sus joyas?

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ARCHIVO - En esta foto del martes 18 de diciembre de 2012, la reina Isabel II de Gran Bretaña saluda al personal de la Oficina de Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones al finalizar una visita oficial que forma parte de las celebraciones de su Jubileo en Londres. (Foto AP/Alastair Grant Pool, Archivo)

Isabel II fue la monarca que más tiempo se mantuvo en el trono de Reino Unido. Su reinado de más de 70 años comenzó casi una década después del fin de la Segunda Guerra Mundial y terminó el pasado 8 de septiembre, al morir a los 96 años.

Su largo servicio al frente de la corona británica coincidió con años de inmensa expansión de riqueza y florecimiento de Europa tras años de crisis, época en la que la reina consolidaría una importante fortuna personal, estimada en unos 500 millones de dólares según la revista Forbes, que ahora pasará casi en su totalidad al nuevo “jefe de La Firma”, el rey Carlos III.

El patrimonio personal de la reina Isabel está incluido del patrimonio global del “negocio familiar” de la corona británica, conocida en términos financieros como La Firma o Monarchy PLC, un intrincado conglomerado con un valor estimado de unos 28.000 millones de dólares, de acuerdo con Forbes.

Solo los miembros más cercanos al trono en la línea de sucesión y sus parejas son miembros de este exclusivo grupo.

El portfolio de La Firma engloba también inversiones, valiosas obras de arte reunidas durante décadas por miembros de la realeza, una impresionante colección de joyas y propiedades como los castillos de Balmoral, Sandringham, Buckingham, y los ducados de Lancaster y Cornualles, en su mayoría bienes inmobiliarios que no pueden ser vendidos.

El soberano británico no recibe un salario a la usanza, sino que en su lugar financia su Casa a través de una subvención soberana que proviene de las ganancias del Crown Estate, un conjunto de bienes que pertenecen a la corona y por lo tanto al monarca, pero no son de su propiedad privada.

Estos activos son gestionados por una junta pública, que anunció un beneficio de unos 312 millones de dólares en ingresos en el más reciente año fiscal. La mayoría va a las arcas del Estado.

La financiación de la subvención soberana se fijó en 15 %, pero se aumentó al 25 % en 2018 para apoyar las renovaciones del palacio de Buckingham, aunque volverá a la cifra oficial en 2028.

Este monto, unos 47 millones según las últimas cifras, se utiliza para financiar la seguridad, el salario del personal, los viajes y otros gastos de trabajo de los miembros de alto rango de la familia real.

Mientras, los gastos privados de la reina y de su familia también se sufragan con otra asignación denominada Privy Purse o monedero privado, que proviene de las ganancias del Ducado de Lancaster, el cual, de nuevo según Forbes, engloba un número de propiedades que ha ido adquiriendo la familia real británica a lo largo de siete siglos y que comprende tierras, nueve castillos y otras propiedades.

El Privy Purse declaró ganancias de unos 30 millones de euros (alrededor de la misma cantidad en dólares) de beneficios netos el pasado año fiscal.

Curiosamente, dentro del patrimonio de la corona se incluyen más de 32.000 cisnes y un número desconocido de delfines, ballenas y esturiones que proliferan en libertad en las aguas del Reino Unido y que son considerados propiedad de la Corona desde el siglo XII.

En esa época estos cisnes eran habituales en la dieta real y su desmedida caza llevó a los monarcas a declararlos bajo su jurisdicción para protegerlos.

Toda esta fortuna, cisnes y esturiones incluidos, pasa ahora a manos de Carlos III como nuevo rey del Reino Unido.

Según las estimaciones, la reina Isabel acumuló unos 500 millones de dólares en activos personales, obtenidos gracias a inversiones, colecciones de arte, propiedades como Sandringham y Balmoral y, sobre todo, sus joyas.

Los testamentos reales británicos están sellados, por lo que es difícil saber a ciencia cierta quién heredará cada parte del patrimonio personal, pero se cree que la reina haya seguido la tradición y haya legado sus joyas oficialmente al próximo soberano, o sea, Carlos.

Esta es una manera de mantener el legado histórico, pero también de evitar que se paguen altos impuestos por concepto de herencia, puesto que los soberanos británicos están exentos de estos cargos.

De ahí que las famosas tiaras, broches y collares, aunque sean legalmente posesión de Carlos III, podrán ser usados como préstamo de la Corona por la reina consorte Camila, la nueva princesa de Gales, Catalina, y el resto de las mujeres de la Casa Real de Windsor.

La reina Isabel II también recibió más de 70 millones de dólares en herencia de la Reina Madre cuando esta murió en 2002. Ese patrimonio, que incluye valiosas pinturas, sellos de correo, porcelana fina, joyas, tiaras, caballos y una colección de huevos Fabergé se espera que también pase a Carlos III.

Fuente: La Voz de América